jueves, 13 de julio de 2017

Herederos del ocaso

Ayer asistimos al montaje de “Herederos del ocaso” en el CICUS con la sensación de que se presencia una radiografía lúcida de un país donde la picaresca y la corrupción parecen ser la vía rápida para alcanzar la prosperidad, donde siempre pagan los mismos y donde siempre se benefician los mismos. “Yo pago mi multita… y sigo siendo presidente de la Federación”, señala uno de los personajes en un momento dado, el cerebro manipulador que teje la estafa y que después elude su responsabilidad y se manifiesta inocente.


El caso real del fraude en los Juegos Paralímpicos del año 2000 en Sidney sirve como base para este nuevo montaje de “Club Caníbal”, dirigido ejemplarmente por Chiqui Carabante, una brillante sátira cargada de humor, con estupendos hallazgos visuales y una puesta en escena tan dinámica e inventiva que provoca que la función transcurra en un suspiro. Algunos momentos, como el del campeonato de tenis de mesa o el juicio que se produce en el último tramo de la obra, absolutamente magistrales.


De nuevo, como ya sucedía en “Desde aquí veo sucia la plaza”, su anterior montaje, el trío protagonista ofrece personajes memorables, interpretaciones en estado de gracia, desde ese Juan Alegría, deportista fracasado (Juan Vinuesa), el pariente de la Casa Real (Vito Sanz) o el ya mencionado presidente de la Federación (Font García), entre otros muchos roles que tienen ocasión de asumir durante una función tan divertida como negra, con esa España oscura que no tiene reparos en delinquir para triunfar siempre en primer término. Así, comedia, crítica y drama se aúnan en esta segunda entrega de “Crónicas Ibéricas”, donde de nuevo “Club Caníbal” parece heredar el espíritu de Berlanga y Azcona para hacernos reír con tristes historias de nuestro país. Imprescindible.